“NO es correr MÁS, ES correr MEJOR” Luis Migueles

Hace unos días encontré este video. Me llamó especialmente la atención porque llevo tiempo observando cómo corren los niños del centro escolar donde trabajo, y me resultaba curioso lo bien que lo hacen, en general.

Me encanta ver lo relajados y felices que se les ve. La técnica, la velocidad y sensación de conexión con que lo hacen. Me hizo pensar en cuando yo era pequeña, y me abordó de repente la pregunta, en qué momento desaprendemos a correr, perdemos esa fluidez, los buenos movimientos, la rapidez y sobretodo la sonrisa.

Este vídeo no es que me responda a esas dudas o preguntas. Pero me han resultado significativas algunas de sus frases porque han hecho que me replantee la manera en cómo corro ahora mismo. No en la forma en sí, sino en aquello que pasa por mi mente cuando lo estoy haciendo.

Soy consciente que correr conlleva conexión, por ello no deberían haber pensamientos. Si los hay, siempre deberían ser positivos y placenteros, porque un solo pensamiento o palabra negativos, si les prestas atención y los haces tuyos, te pueden hundir aunque físicamente seas muy capaz. Por eso, hace ya un tiempo he llegado a la conclusión, para mí misma, que cuando esté corriendo simplemente estaré en ello, mi mente no estará con la lista de la compra, ni con el trabajo, ni con cualquier otra cosa que no sea disfrutar de ese mismo instante, sobretodo porque he decidido libremente estar ahí.


Hago un breve resumen de aquello que destaco de la conferencia:

No nos enseñan a correr porque se da por sabido, ya que empezamos a correr al poco tiempo de haber aprendido a caminar.

A medida que vamos creciendo empezamos a correr de forma vertical, incluso, a veces, hacia atrás. En realidad hay que hacerlo hacia delante.

Los niños corren de forma natural, relajados, y aprovechan la gravedad para correr a su favor. Con alegría y sonriendo. No con cara de terror, como muchos adultos.

Uno debe buscar un mentor o espejo donde querernos mirar.

Correr con buena técnica nos aleja de las lesiones. Trabajar la fuerza, la flexibilidad, el equilibrio… nos va a ayudar a correr mejor.

No es cuestión de estilo, o de kilómetros vacíos, sino de eficiencia, y de gastar la menos energía posible.

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